Los alimentos que ingerimos podrían incidir en nuestro deseo de comer

Ecuador, 24 de septiembre 2020

 

El apetito es un fenómeno mucho más complejo de lo que puede parecer a primera vista, el organismo es una sofisticada obra de ingeniería que siempre busca el equilibrio. Al respecto, el Centro Charles Perkins ha descubierto que existen 5 tipos de apetitos, no sólo en los seres humano, sino también en los animales.

 

¿Hambre o apetito?

Es necesario aclarar que el hambre no es lo mismo que el apetito. La primera es una necesidad estrictamente fisiológica. Surge porque el cuerpo reclama los nutrientes que requiere para funcionar de manera adecuada. Es, por así decirlo, una solicitud de “combustible” para operar.

El apetito en cambio es un proceso más complicado, está regulado por el hipotálamo en el ser humano. Este lanza las señales cuando se requieren nutrientes para compensar el gasto de energía. También indica cuándo es suficiente. En principio, está más asociado con el placer que con el instinto de supervivencia. No es necesariamente estimulado por las necesidades básicas del cuerpo, sino también por otras razones. De esta premisa surge la teoría de que existen varios tipos de apetito.

 

Descontrol del apetito

Alimentos altos en azúcares o grasas, tienen un efecto negativo en el apetito, dado que consiguen estimular la producción de dos neurotransmisores: la dopamina y la serotonina. Ambos se relacionan con la sensación de bienestar y placer, confundiendo al hipotálamo, por lo mismo, estos alimentos pueden llegar a generar adicción.

 

El descubrimiento se hizo en langostas

David Raubenheimer y Stephen J. Simpson son los encargados del estudio que se realizó en langostas. A un grupo de estos animales se les dio un alimento rico en nutrientes y bajo en carbohidratos; al mismo tiempo, se les ofreció un alimento rico en carbohidratos y bajo en nutrientes.

Para conseguir hallazgos más certeros, se emplearon varios tipos de alimento, siempre con el mismo principio, y las langostas, inequívocamente, distribuyeron lo que comían de forma equilibrada. O sea que ingerían la proporción adecuada de proteínas, sin importar qué tantos carbohidratos tenían a su disposición.

Para avanzar en la investigación, los científicos experimentaron con otros dos grupos de langostas. A uno de ellos le dieron una dieta con exceso de carbohidratos y baja proporción de proteína; con el otro grupo hicieron lo contrario: le dieron alimentos con alta cantidad de proteína y baja proporción de carbohidratos. Cada ejemplar podía comer todo lo que quisiera.

Las langostas que recibieron una gran oferta de proteínas se orientaron a ingerir muy pocos carbohidratos. Mientras que las que recibieron un elevado suministro de carbohidratos comió mucho más, para compensar la falta de proteínas. ¿Por qué estos animales prefieren las proteínas? Sencillamente porque estas les garantizan mejor el desarrollo y la supervivencia En esta fase los investigadores pudieron concluir que existían varios tipos de apetito en las langostas.

 

El estudio se adecuó para seres humanos

Tras los particulares hallazgos, los científicos decidieron adaptar y replicar este experimento con humanos. El resultado fue genuinamente similar, y se clasificó en cinco tipos de apetitos:

  • Apetito de proteínas
  • Apetito de carbohidratos
  • Apetito de grasas
  • Apetito de calcio y
  • Apetito de sodio (sal).

 

En el caso de las personas, los tres primeros se agrupan bajo la categoría de “macronutrientes”.

Los alimentos ultraprocesados contienen principalmente grasas y carbohidratos. Por esta razón, una dieta basada en este tipo de alimentos hace que se deba consumir más cantidad de comida para alcanzar el nivel de proteína que el cuerpo requiere y que está en pequeñas proporciones en esos alimentos.

La investigación concluye que los seres humanos, al igual que al menos 50 especies de animales, tienen mecanismos para buscar un equilibrio en la comida. Sin embargo, este solo opera correctamente cuando se consumen los alimentos con los que evolucionamos. De lo contrario, se altera. 

Fuente: El Universo

 

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